La inteligencia emocional, es la capacidad e gestionar las emociones y regularlas de manera eficaz. Reúne características como la capacidad de motivarnos a nosotros mismos, de perseverar en el empeño a pesar de las posibles frustraciones, de controlar los impulsos, de posponer las gratificaciones, de regular nuestros propios estados de ánimo, de evitar que la angustia interfiera con nuestras facultades racionales y por último la capacidad de empatizar con los demás.
Nuestra evolución y nuestra historia nos han condicionado para tener una perspectiva limitada de lo que es la realidad, a menudo deformada y que dificulta la habilidad de relacionarse y comunicarse con las personas que con las que nos vinculamos en el entorno.
La mentalidad del entorno influye a la hora de potenciar habilidades que no consideramos útiles y que pueden introducir cambios beneficiosos en la salud y calidad de vida de las personas. El obstáculo se genera cuando esos cambios se reprimen para no generar nuevas soluciones a los problemas.
La sociedad se transforma en la propia resistencia del cambio, pero asentar eso conocimientos son básicos para ampliar nuestra perspectiva y disminuir los síntomas perjudiciales para la salud que consideramos trastornos psicológicos ya que son un resultado directo de la imperfección de la sociedad que conformamos todos.
Algunas de las competencias de la Inteligencia emocional la visualizo en el esquema inferior:
“Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y el modo correcto, eso, ciertamente no resulta tan sencillo!”
Aristóteles